Tactile memory
December 31, 2008 by Loudsoul · 3 Comments
The orange light of the afternoon traces the contour of her naked body. She is falling asleep, her chest barely going up and down with her light breathing. Only in those relaxed moments of obliviousness one may notice in her face the look of a little girl, both innocent and amused, something she will often avoid, as if it was at odds with her otherwise strong nature. Her warm skin is the smoothest surface on earth now. He caresses her slowly. His body, his mind, have vanished in the air, only to concentrate again in his fingertips. Everything that he is, his present and his future, his fears, his hopes, his endless desire for her, is now embodied in those tiny parts of him, which barely fondle her back, her neck, and her hips. However, he is not there, but far away. She will be just a memory for a while. But he can smell her, see her, hear her breathing, have her taste in his mouth as if he was only a few centimeters from her. More important, he realizes for the first time ever that he has developed a very special faculty: even if all those senses were blocked in him, he could identify her at once just touching her, embracing her, stroking lightly her skin. «Could you recognize me if you could just use your touch?», she asked him once… He could nearly cry of joy hardly realising her sudden arousal when his fingers made the smallest contact with her body. Never before he thought possible two people could communicate so deeply and reach such level of mutual perception by only using one of the human senses.
Photo: ‘Curves and stripes’, 2008 © Mintpics
Mistrust
September 30, 2008 by Loudsoul · Leave a Comment
He had said that so many times. I´m sorry. From now on it will be different… She was split in two halves, one in the land of hopes, the other rooted in the grim reality of a frozen world in which nothing ever changes. She always tried to reach the bottom of his eyes. Talk to me, talk to me, please… This is not you, isn´t it? Who are you? Then, the recurrent chest pain, the nausea, that pale smoke around him… the conviction he was not there, nor even his shadow…
What am I going to do now? What am I going to do?
Photo: Image from the series ‘Nan and Brian in bed, NYC’, 1983 © Nan Goldin
Aromas
September 7, 2008 by Loudsoul · Leave a Comment
Tenía el carácter más voluble que quepa imaginar, pero también el mejor de los trabajos. Era catador de té. Tras su habitual sueño agitado e insuficiente, los efluvios del té negro obraban el milagro de reconciliarlo con la luz de la mañana. La acidez relajante de la bergamota abortaba el vaho de irritabilidad con el que invariablemente iniciaba el día. Despreciando los consejos de su gremio, que recomendaban una transición gradual de lo suave a lo complejo, prefería iniciar su jornada ocupandose de un robusto Pu-erh, procedente de Yunnan, que combinaba con gengibre y cortezas de naranja. Atender a las distintas texturas de la mezcla que sostenía en la palma de la mano, el cítrico que cedía con facilidad a la presión de sus dedos, y las evanescentes notas de las pálidas raíces mentoladas, que parecían estar en todas partes y en ninguna al mismo tiempo, conseguía fijar su atención de tal manera que las horas lo conducían al mediodía casi sin darse cuenta. Cuando podía elegir, reservaba el chai para la tarde. No sabía por qué, pero el vapor dulzón y especiado del chai de Cachemira, saturado de cardamomo y nuez moscada, le recordaba a las fiestas de cumpleaños de su niñez; en otras ocasiones, la misma combinación suscitaba visiones de carnaval o pasacalles, cuyos participantes ocultaban sus rostros pero desprendían olores familiares al pasar por su lado. Estas imágenes lo ponían siempre de buen humor, al contrario que el perfume del rooibos, acidulado y metálico, que tenía la virtud de dejar su mente en blanco. Muchas veces se sorprendía escrutando un puñado de sus estrechas hojas verdes, como si aquel manojo vegetal fuera a revelarle de dónde procedía y cuál era su particular historia. Aquellos días, cuando ya todos se habían marchado y sólo quedaba su lampara encendida en todo el almacén, solía abrir una cajita de madera de boj en la que guardaba un tesoro, una pequeña cantidad de Oolong de Jade que él mismo había recolectado un año antes. Aproximarse lentamente y con los ojos cerrados a aquellas hojas oscuras y enroscadas como cenizas le conducía de inmediato hasta las laderas de la escarpada región taiwanesa de Nantou, hasta sus amaneceres de niebla helada, hasta el espeso humo de las hogueras del valle que la lluvia dispersaba al caer tarde, y hasta la mirada atrevida y adolescente de Mei-Mei, cuya sonrisa feliz, contemplada de soslayo entre los arbustos de té cada mañana, lo había cautivado durante largos meses. Antes de abrir los ojos de nuevo, cerraba con cuidado la caja y la depositaba en la estantería. Después apagaba la luz y caminaba hacia la salida mientras sus recuerdos volaban lejos, muy lejos de allí.
Photo: ‘In the morning’, 2007 © tildi
Empty streets at night
June 24, 2008 by Loudsoul · 8 Comments
Sometimes I cannot sleep, so I get up and drive around town. I like the cold air getting into the car through the small opening of the windows. It is always cold in this place, even in Summer. On these occasions I seldom encounter anyone in the streets. Well, there is this homeless drunken man shouting his frustrations out in Main and 3rd, and some teenagers around the drugstore at Creek Road, bored and up to no good. I always listen to Tom Waits on my nocturnal trips, his broken voice matching well the dark and windy streets of my town at night. I have not failed to notice how the slow tempo of his ‘Soldier´s things’ goes in perfect sync with the blinking traffic lights of Main Square. I sometimes stop the car there and listen to the song while letting my sight wander around the place. Then I sip once or twice at my coffee, start the engine, and come back home.
Photo: ‘Insomnia in a small town’, Duncan, BC, 2007 © Len Langevin
Undeniable glamour
March 15, 2008 by Loudsoul · 6 Comments
It seemed the whole city would melt amidst the heat wave. However, she never sweated. Not a single bead. That summer, she got used to walk in her apartment wearing only her high heels, which she previously kept in the fridge all day long. That was one of her michievous rituals. One night, she was approaching the window to watch the fireworks when the telephone rang. “Hi… I made up my mind”. The voice sounded distant. “Do you want me to go?”. “Yes”, she said, and hung up. Then she reached for her cocktail and calmly turned on the stereo.
Watermelon Martini recipe:
1/2 oz fresh lemon juice
1 oz melon liqueur
1 oz citrus vodka
1 1/2 oz fresh watermelon juice
Shake ingredients with ice and strain into a chilled cocktail glass. Garnish with a sprig of mint, and serve.
And here is a short danceable list for those frequent moments of glamorous mood:
01. Soulphiction - Angela (original mix) · State of Euphoria (Sonar Kollective, 2006)
02. Carmen McRae - How long has this been going on (MJ Cole mix) · Verve Remixed (Verve, 2002)
03. Bebel Gilberto - Tanto tempo (Peter Kruder mix) · Tanto Tempo Remixes (Six Degrees, 2001)
04. AWA Band - Timba (12”) (Tiefschwarz club mix) · Timba (Defected, 2000)
05. Mary J. Blige - Just fine (12”) (Jovonn mix) · Disrespectful / Just Fine (White, 2008)
Photo: 5 ninth club, Meatpacking District, New York, 2007 © Loudsoul
Infantil
March 5, 2008 by Loudsoul · Leave a Comment
“No va a funcionar”, dijo él. “¿Por qué?”, preguntó ella, y un velo tenue ensombreció sus ojos brillantes, siempre tan brillantes y enormes cuando hablaba con él. Al principio a él le sedujo toda aquella atención, pero después comenzó a cansarse de que ella siempre estuviera dispuesta a encontrarse con él, a hacerle favores. Siempre estaba ahí. Nunca le pedía nada, y su generosidad no tenía fin, como su sonrisa. Su mirada dulce, expectante y alegre le sacaba de quicio. “¿No te gusto?”, preguntó, o quizá lo afirmó. No lo recordaba bien. En cualquier caso, ella no suplicó ni perdió la compostura. Sólo se alejó, triste, seguramente decepcionada, aunque con un aire de “tú te lo pierdes”. Él sabía que se encontraba ante una mujer extraordinaria y, sin embargo, estaba tan acostumbrado a fijarse en otro tipo de mujeres, más convencionales -con nefastos resultados en la mayoría de los casos-, que ni siquiera se planteó por un momento darse una posibilidad con ella. Por muchas razones, no podía colgársela a modo de medalla ni exhibirla como un trofeo, como hacía en ocasiones con otras. Su dignidad lo desarmó, pero ya era tarde. Siempre era tarde. Se quedó allí plantado, cogido a contrapié. Después se marchó, rumiando una excusa para consigo mismo. Sus autojustificaciones eran siempre ridículas.
Dos locos en el umbral
February 10, 2008 by Loudsoul · Leave a Comment
Tardó más de un año en mantener una conversación con ella. No fue una conversación extensa; apenas una respuesta a su jovial “¡Feliz año!”. No lo esperaba, y sólo pudo balbucir un manido “Igualmente. ¿Cómo te va?”, mientras dudaba entre detenerse o seguir hacia el portal. Hacía tiempo que se cruzaban en la entrada del edificio. Su sesión semanal de psicoanálisis acababa a la misma hora que empezaba la de él. Al principio no reparó en ella, pero luego se dio cuenta de que aquella regularidad no era fortuita. Fue eso y darse de bruces con ella en una ocasión en la puerta de la consulta. Con el tiempo aprendió a esperar el momento en que sus ojos acuosos y su alegre sonrisa aparecían en la portería. A veces, cuando creía que iba a llegar tarde a su cita ficticia, se pegaba la gran carrera desde la salida del metro y llegaba sudoroso y descompuesto. No quería cruzársela en las escaleras, ni mucho menos en la sala de espera, así que siempre aguardaba en la calle, y cuando se encendía la luz del portal se dirigía hacia allí para hacerse el encontradizo, porque no quería que se diera cuenta de que la estaba esperando. Siempre rezaba -en vano- por que no apareciera hablando por el móvil, lo que impedía todo inicio de conversación. ¿Por qué no podía salir de la consulta en silencio, pensando en sus cosas, como el resto? Poco después del saludo navideño se armó de valor, y tras alguna broma algo torpe para romper el hielo le propuso tomar un café a la semana siguiente. Ella aceptó, aparentemente encantada, aunque luego, riéndose de esa forma suya tan alegre, soltó un enigmático: “¿Y de qué van a hablar dos locos como nosotros?”. Después se marchó, contenta y volviéndose a saludar. El día de la cita él la espero en el bar en que habían quedado, pero ella no apareció. Estaba dolido por el plantón, pero meditó si convenía más a su estrategia de largo plazo reprochárselo la próxima vez que se cruzaran en la consulta o bien quitarle importancia y no mostrarse rencoroso. En cualquier caso, no coincidió con ella esa semana. Ni la otra. Tampoco la siguiente. Al cabo de tres semanas supo que no la iba a volver a ver. Pensó que su psicoanalista, de la que sospechaba que no le gustaba que los pacientes se relacionaran entre sí, le había cambiado el día a propósito para que no coincidieran. Luego concluyó que aquello era imposible, que ella no podía sospechar nada. Quizá había terminado su análisis pero, ¿tan repentinamente? Por lo poco que habló con ella le dio la impresión de que aún le quedaba bastante. El caso es que había desaparecido, y preguntarle a la doctora quedaba totalmente descartado. Igual que había aprendido a esperarla, al cabo de unos meses apenas recordaba cómo solía emocionarse al llegar a la consulta. Ya sólo quedaba una rutina: portal, escaleras, timbre, saludo, diván, sesión, despedida y hasta la próxima semana. Después concluyó su análisis y no volvió a aparecer por allí.
Incertidumbre
October 8, 2007 by Loudsoul · Leave a Comment
La miró fijamente; la giró a un lado y a otro; la acercó hasta casi tocarla con la punta de la nariz y verla borrosa como una mancha; la depositó encima de la mesa, pero no dejó de observar aquella foto de refilón, como si en cualquier momento fuese a cobrar vida. La tomó de nuevo. Ella miraba a la cámara muerta de risa y recogiéndose el pelo. Aquel día hacía mucho viento en la playa, cuando vieron el deportivo color rosa sobre el que ella quiso que le tomara una foto, recostada. Volvió a fijarse en sus ojos, en su sonrisa. Recordaba todo de ella; todos los minutos que habían pasado juntos, todos los detalles, todas las emociones. ¿Y ahora? ¿La quería? Apartó la foto; la volvió a coger. ¿Te quiero?, le preguntó.
Tormenta de verano
September 20, 2007 by Loudsoul · Leave a Comment
Los gritos de la pareja se escuchaban en todo el vecindario. Mientras que él fue bajando la voz hasta hacerla inaudible, los gemidos de ella se acallaron de golpe, como si se hubiera quedado sin aire. Inmediatamente después se puso a llover. Hacía meses que no caía un aguacero similar, que no obstante mostró una furia tan inaudita como breve. Al rato, el silencio, interrumpido de vez en cuando por perezosas gotas que caían sobre los charcos del patio.
Un refinado intelectual
September 9, 2007 by Loudsoul · Leave a Comment
Era el mayor experto en la historia y la filosofía del siglo XVIII. No sólo conocía al detalle las vidas, miserias y logros de todos los personajes públicos de la escena europea de la época, sino que tenía un don especial para contarlo por escrito, y sus libros se vendían en cantidades exorbitantes. Traducido puntualmente a más de una veintena de lenguas, especialistas, críticos y público en general aguardaban expectantes cada una de sus obras que, invariablemente, publicaba cada año durante la última semana de otoño. Mientras tanto, era requerido por los programas de debate de diversos medios de comunicación, y las principales universidades cursaban invitaciones a su nombre para impartir cursos que, falto de tiempo, rechazaba una y otra vez con una mezcla de pudor y cortesía. Los años le habían dado una salud de hierro, una compañera magnífica y unos hijos que, para su satisfacción, habían empredido carreras artísticas -su hija era pianista y el pequeño era pintor- con notable éxito y mayor felicidad. Su capacidad de seducción era antológica, y se movía con comodidad -pero también con discreción y amabilidad- tanto por ambientes literarios como mundanos. Por el camino había publicado asimismo algunos tratados de música antigua, un aclamado estudio sobre el teatro renacentista y varias novelas cuyo estilo clásico y un preciso empleo del lenguaje lo situaban, según la crítica, entre lo mejor de la tradición europea. No sólo era el intelectual más laureado de su país sino también un referente moral al que todos se dirigían periódicamente en aquellos tiempos de crisis políticas recurrentes. Él solía desestimar estas invocaciones con sonrisas y buenas palabras, y prefería dedicar su escaso tiempo libre a la escritura de poemas, para los cuales creía no estar muy dotado y cuyas recopilaciones, no obstante, eran elogiadas por sus colegas y degustadas masivamente por sus lectores. Cada año se especulaba con sus opciones para ganar el Nobel. Sin embargo, más allá de su trabajo literario e intelectual, lo que de verdad le proporcionaba un placer supremo era encerrarse a ver por televisión los partidos de su equipo de baloncesto, durante los cuales daba cuenta de una gran cantidad de cerveza y, entre sonoros eructos y arrebatos de furia, maldecía e insultaba a gritos a jugadores, árbitros y aficiones con expresiones arrabaleras que hubieran escandalizado al más pintado.









